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Fuente: tenfield |
“Me gusta porque eres el
diferente. Estás vestido distinto y me gusta la presión que puede tener el
puesto”, explica Gastón Guruceaga sobre su pasión por la portería. El
guardameta uruguayo confesaba a la web de la FIFA en pleno Mundial sub 20 las
razones que le impulsaron a enfundarse los guantes, entre las que se encuentran
sus antecedentes familiares y su complexión física. Su abuelo era el cancerbero
de la selección de Artigas, su región natal, y Gastón siguió sus pasos gracias
a su estatura.
“El arquero que teníamos era muy
malo. Entonces, como yo era uno de los más altos, me preguntaron si me animaba
a atajar. Dije que sí y no salí más”, recuerda en declaraciones al diario
Ovación sobre sus inicios entre los tres palos. La decisión fue acertada, ya
que a los trece años, uno de los clubes más poderosos del país, Peñarol, llamó
a su puerta. Preparó las maletas y se fue a Montevideo. “Me costó, pero al
vivir con mi tío se me facilitaron un poco las cosas”, indica respecto a su
desembarco en la capital urugaya. En la disciplina del club ‘carbonero’
confirmó todo lo que había intuido Nestor Gonçalves, el principal artífice de
su fichaje por el ‘manya’.
Del centro de alto rendimiento de
Peñarol a las instalaciones de la federación ‘charrúa’, ya que los técnicos de
las categorías inferiores le reclutaron para integrar la disciplina de la
selección sub 17, con la que vivió la primera desilusión de su trayectoria
deportiva al ser descartado en la convocatoria final para disputar el Mundial
de la categoría en México. Gastón, que era un año más joven que el resto de la
nómina de jugadores confeccionada por Fabián Coito para preparar la
competición, se desquitó cuatro años más tarde.
“No se me dio estar, pero sabía
que cuando llegara a esta categoría iba a tener la edad justa. Me preparé mucho
para eso. Al habérmelo metido mucho en la cabeza y haber trabajado tanto, creo
que aquello me sirvió para este momento”, explicó sobre su trampolín a nivel
continental. En el Sudamericano sub 20 del pasado año, en el que Uruguay
ejercía como anfitrión y ya con compañeros de su generación, Guruceaga brilló
con luz propia.
Una colección de intervenciones
de mérito y una sensación constante de guardameta maduro y solvente desataron
una catarata de elogios hacia su figura a lo largo y ancho de la parte Sur del
continente. La celeste rozó el título, que le arrebató junto al billete para
los Juegos de Olímpicos de Río Argentina, y el cancerbero de Peñarol se
confirmó como el más prometedor del país. “Para nosotros es un jugador
fundamental. Estamos en presencia de un gran arquero de presente y de futuro”,
exponía Coito tras el primer encuentro disputado por los suyos en el Mundial
celebrado el pasado en Nueva Zelanda. Serbia, a la postre campeona del torneo,
se estrenaba en la competición y cayó derrotada, frustrada por un colosal
Guruceaga y un solitario tanto de su tocayo Pereiro.
Presión bien encauzada
“Su arma más importante es la
personalidad fuerte que tiene para sostener al equipo en esos momentos cuando
más lo necesita. Le da apoyo a sus virtudes técnicas, físicas y tácticas”,
arguye Carlos Nicola, entrenador de porteros de la selección urugaya, que
ensalza esa capacidad de brillar cuando arrinconan a su equipo y le ha acompañado
durante su irrupción en la portería de un conjunto con la tradición histórica
de Peñarol. “Para mí es una presión linda saber que tengo que tener cero error,
me motiva a estar bien entrenado”, desvela sobre su motivación para forjar un
estilo de juego que se caracteriza por la solvencia.
Una ética de trabajo que le ha
llevado a instaurarse en la titularidad del campeón del último Torneo Apertura
a sus 20 años. “En la cancha la juventud queda de lado. Tengo que ordenar la
defensa y si les pego un grito lo toman bien”, manifiesta sobre esa actitud
jerárquica que ha demostrado durante sus primeros partidos como titular en la
primera plantilla aurinegra. Aunque en la mayoría de choques, su bisoñez no
supone obstáculo alguno, la falta de experiencia todavía le empuja a cometer
algunos errores por exceso de confianza, su gran lunar junto a las dudas en el
juego aéreo, minimizadas en categorías inferiores y destapadas durante su salto
a la élite.
A su excelente desempeño en el
uno contra uno “a partir de unas piernas muy fuertes para aguantar la
posición”, como explica Carlos Nicola, agrega ambición en el blocaje.
Autoritario, trata de no conceder segundos remates, aunque esa pretensión
también puede inducirle al error cuando trata de atajar disparos más propicios
para el despeje y deja el esférico suelto cerca de la línea de gol. “Es un gran
arquero, técnicamente me gusta mucho. Tiene un gran futuro y lo está
demostrando”, expresó Muslera, inquilino de la meta de la selección absoluta
‘charrúa’, antes de desvelar que felicitó a su homónimo en categoría sub 20 por
su clasificación al Mundial de la categoría. La cita mundialista finalizó en
clave ‘celeste’ en una tanda de penaltis de los octavos de final del torneo
ante Brasil, pero a Guruceaga le esperaban gratas sorpresas para consolarle.
Las primeras fueron las ofertas
de equipos italianos, turcos e ingleses, que no perdieron ojo de su capacidad
de liderazgo y buen hacer bajo palos en Nueva Zelanda. A pesar de esos cantos
de sirena desde el otro lado del charco, su futuro estaba en Parque Peñarol.
“Por suerte en este momento no necesitamos vender. Son dos jugadores de
seriedad y lucha. Nos han llamado equipos importantes, pero les dije que por
ahora no son negociables”, confesó en febrero del mes pasado sobre él y su
compañero Nahitán Nández Juan Pedro Damiani, presidente de la entidad, que
mantuvo su palabra. El guardameta no se movió de Montevideo y Pablo Bengoechea,
entrenador ‘carbonero’ hasta el pasado mes de diciembre, le abrió las puertas
de la titularidad.
Su estreno en la máxima categoría
del fútbol uruguayo en una victoria contra Cerro, en el que mantuvo su portería
a cero y dio buena muestra de sus excelentes reflejos, fue el preludio de un
semestre exitoso tanto en el plano personal como colectivo. Peñarol dio la
vuelta de campeón y Guruceaga se adueñó del marco mirasol, por momentos
impenetrable gracias a su destreza a la hora de achicar espacios a los
atacantes y su carisma. Su afeitada cabeza y su lenguaje corporal derrochan ese
garra ‘charrúa’ con la que se abre paso quemando etapas a nivel nacional e
internacional.
Ya con Jorge ‘Polilla’ Da Silva
al mando las cosas siguen por el cauce victorioso, con pleno de triunfos
aurinegros en el arranque del Clausura. En su estreno en la Copa Libertadores,
el joven guardameta de Artigas salió al rescate y permitió a su equipo rescatar
un punto tras evitar el descarrilamiento en Perú ante el Sporting Cristal. Si
se mantiene firme en su ruta como hasta el momento, el último vagón hará
disfrutar a los maquinistas ‘carboneros’.
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